miércoles 23 de diciembre de 2009

Mi papel en ésta historia..

He fumado hierba una sola vez en mi vida.
Qué aburrida, lo sé.
Tenía horas pretendiendo no pensar pero tenía una mujer en mi cama sin poseer ni un sólo indicio claro de cómo había llegado hasta ahí.
Deseaba en momentos grandes no pertenecer a ese lugar, largarme corriendo, levantar las piedras de toda la ciudad y perderme. Perderme con todas las ganas de todo el mundo.
Era ella la mujer que había deseado desde hace meses, quizás años. Confieso que temblaba más de ganas que de miedo.
Yo gritaba por dentro azotándome en las paredes de mi cuerpo, cumpliendo una penitencia de horas enteras mientras ella se reunía conmigo en sueños bifurcados. Me reventaba la piel.
Y así, a bocanadas necias yo la exiliaba para siempre de mi carne, de mi boca, de mi voz.
Pero tenía una mujer en mi cama sin poseer ni un sólo indicio claro de cómo había llegado hasta ahí y sin poseer ni un sólo indicio claro de cómo se había alejado, se fue.

lunes 14 de diciembre de 2009

Bitácora de una madrugada

Poseo una notable inclinación a la promiscuidad.
Despierto en las madrugadas. Las 4am y yo con sed.
Resaca.
Un cuerpo desnudo en mi cama.
Debe ser Peulie o Karim, tal vez Anie. Roxane... o debes ser tú.
Regreso con botella en mano. Diez tragos, veinte. El muy cobarde se desliza por mi cuello. Me quiere ahogar.
Voces.
Tienes un problema con el alcohol. Me gritan.
Mientes, tengo una relación íntima con él. Susurro.
Cinco tragos, mis pechos, testigos.
Olor a usado.
Me meto entre las sábanas. Piel y mi botella en mano.
Entonces recorro ese cuerpo con mis manos. Soy tosca, violenta y ella abre los ojos.
Me besa, me toca, me busca, me espera, puta madre, me respira.
Orgasmo sin vida.
Me acerco, te miro. Se me ha olvidado tu cara. Nunca fuiste tú.

lunes 30 de noviembre de 2009

Ésta historia es una mierda.

Facundo comenzó a hablarme de ella, pasaban las horas y él no paraba.
Y en el cuarto nosotros dos más veintitrés latas de cerveza reventadas en el piso.
¿Por qué hasta ahora Fabián? Me preguntaba con cada cigarrillo que encendía como esperando una respuesta que yo jamás le iba a poder dar.
Hace algunos años Facundo cayó en la desgracia de haberse enamorado de Marina, una chica hermosa, con una sonrisa delicada y unas manos algo más que celestiales.
En aquél entonces, ella estaba completamente loca por otro hombre. Ese hombre era yo.
Ya te habrá quedado claro por qué razón escribí "desgracia".
Marina y yo solíamos ser un mismo cuerpo. Siete años han pasado y Facundo todavía la siente ahí, adentro, como si fuese suya.
Yo sólo la quiero.
Él la ama todavía.
Hoy, ella le ha marcado después de tantos y tantos meses de ausencia y le ha invitado a tomar un estúpido café.
De repente descuelgo el teléfono y está ella ahí, pidiendo verme. Maldita mujer. Me decía Facundo después de la pregunta de cada cigarrillo.
Los papeles han cambiado. Marina se ha enamorado de Facundo no tengo ni puta idea en qué momento ni por qué.
Facundo llora, y así viéndolo asfixiarse en su dolor, le he gritado que si no la olvida con el tiempo, a ver con qué.
Ya no la espero Fabián, ni esta vida ni la otra ni las demás.
Suena el teléfono.
Voces.
No quiero café, quiero una cama y te quiero a ti para destenderla. Dijo Facundo con ironía.
Ahí estaré. Contestó ella.
Puta desgraciada. Ésta historia es una mierda.

martes 10 de noviembre de 2009

Desvelo

Y cuando creíste que ya nada podía suceder llegué yo. Te quité el cinturón lentamente, desabotoné tu camisa, despedí tu ropa interior, te acaricié. Fui sutil.
Creé un camino perfecto a cualquier parte y una verdadera sincronía entre tu piel y mis manos.
Sicalipsis.
Los labios tibios, los besos fríos.
No me amas pero créeme: me declaro cliente oficial de los placeres carnales.
Cuarto para las nueve. Resaca.
Se me hace tarde, no puedo quedarme. No debo quedarme.
Recuerda, soy una amante pornográfica.
Huí. Qué perra.




domingo 8 de noviembre de 2009

Verborrea

Había pedido un whiskey doble en las rocas. Me sentía soñada porque era el día de pago y con unos cuantos centavos en la bolsa me sentía dueña de toda la ciudad. Eso último fue mentira, en realidad me sentía dueña de aquella sucia cantina.
Ese día por la mañana Ana María me había llamado "repugnante", cuyos sinónimos eran: desagradable, asqueroso, repulsivo, hediondo, infecto, nauseabundo, inmundo, pútrido, mugriento.
Yo era esas nueve palabras y más.
La primera me describía.
La segunda era mía.
La tercera me agradaba.
La cuarta me recordaba a los domingos.
La quinta me era indiferente.
La sexta era como Ana María.
La septima me fascinaba.
La octava era como un limón.
La novena seguía siendo yo.
Había pedido uno doble y el cantinero incompetente desconocía el significado de la palabra "generosidad". Oye amigo, ¿podrías servirme un poco más? Yo todavía recordaba mis modales, esos que te enseñan los padres. Esa es la medida, contestó. Puedes meterte ésta medida y dos más por tu asqueroso culo, le dije por fin olvidando lo que verdaderamente jamás aprendí.
Y salí de ahí, sintiéndome dueña de la repugnancia.

martes 3 de noviembre de 2009

Cuerpo en caída libre.

Hoy por la mañana, mientras leía una crítica literaria relacionada con un viejo (de más de noventa) que ha tenido en su cama a más de quinientas mujeres, me preguntaba si yo sería estigmatizada por rebasar aquella cifra teniendo apenas veintidós.

El desayuno y la conversación empezaban. Yo comenzaba a constituir una especie de monólogo: soy completamente irracional, he ahí mi mayor desventaja de estar sobria. Debo admitir que la moral no funciona en mí, madre.

Mi madre seria, fumando, apenas articulando “indudablemente hija mía”. Y le daba otro sorbo.

Y mientras bebía ron, aquél que había sido albergado en mi cantina, pensaba (por difícil que parezca) en la palabra orgasmo. La gente lee sobre orgasmo porque quiere saber aunque sea una mierda, sobre cómo se describe cuando se toca el cielo. Descerebrados hijos de perra.

A decir verdad, no tengo ni puta idea de lo que mi madre habrá sentido al saber que su hija mayor (y por cierto la más cínica) era cómodamente bisexual.

Siempre escribes agrio hija, ¿por qué? Mi madre hacía muchas preguntas.

No escribo palabras de amor, soy lo más parecido al asco que puede existir. Respondí de forma casi inmediata.

No escribo porque los huesos se fracturan, tu cuerpo se posee, mi piel se quema. Y tú, tú lees una estúpida hazaña que escribí antes de arrojarme por la ventana.



sábado 17 de octubre de 2009

Hijo (respuesta de una madre)

Hijo:
Susana me ha marcado. Me ha dicho que si fuese veinte años menor se habría enamorado.
A decir verdad, me da un poco de lástima por ti.
No creo tardarme mucho, todo depende de mi apetito sexual.
Llego antes que lleguen tus hermanos, los ingenuos.
No me tardo, todo depende de tu padre el biológico, no el que te ha criado, ahhh eso no lo había confesado..